Viernes 21/AGO/26, Baratier - Crest-VolandEl día se volvió a presentar lluvioso y así iniciamos la segunda etapa con un primer destino que era el
Col d’Izoard que sobrepasamos sobre las 10 de la mañana sin parar, pero del que podemos dejaros estas estampas que, aunque no muy nítidas, dan una buena idea de lo que fué este tramo.





A continuación la ruta nos llevaría en una hora y media más a coronar el
Col du Lautaret y el
Col du Galibier que están muy cercanos. Y donde en un momento sin lluvia pude convocar a los compañeros para mi primera foto de grupo. Realmente no puedo asegurar en cual de los dos está disparada

, pero lo importante es que la sonrisa se percibe en “casi” todas las caras


Debido a la mala meteorología anunciada, Luis
@Kalamero ya nos comunicó que este día no habría parada “super” y que comeríamos en un restaurant algo frugal. Y así fué, paramos en
Bonneval-sur-Arc y dimos cuenta de unas crêpes muy ricas. Lástima que la lluvia no daba tregua porque el pueblo tenía ese encanto de alta montaña con casas de piedra y pizarra muy bien conservadas.

El siguiente hito del día era el
Col de l’Iseran, la cota más alta del Tour con 2.770 mts. Y aunque la lluvia nos dió algo de tregua en la cima, el frío era bestial con un aire gélido que casi nos impedía hacer y posar para las fotos, tanto es así que alguno ni salió del coche







Y de aquí, algunos con más valor que “seny”, descapotamos para dirigirnos al
Cormet de Roselend, un puerto mucho menos conocido pero mucho más de mi gusto a nivel de conducción, con un descenso con bastantes paellas muy técnicas y con vistas privilegiadas sobre el
Lac de Roselend.






Finalmente llegamos a nuestro destino, el
hotel Caprice des Neiges en Crest-Voland sobre las 18:30. Esta segunda etapa tuvo de un recorrido de los más largos que haríamos. Como atestigua el resumen del ordenador de Baluern, fueron más de 7 horas de conducción. Total que los más acuáticos no nos dejamos perder la piscina cubierta que tenía unas vistas preciosas a la montaña. En invierno debe ser fantástico darse un chapuzón con las cumbres nevadas



Lo que ya no estuvo a la altura fué la cena que nos habían preparado. Yo me atrevería a calificarla de “tomadura de pelo”. Lo que parecía un entrante (lechuga huérfana pintada de lila con un poco de salsa de rábano) más un primero (una fuente de “pommes de terre” estofadas con queso fundido y algún pedacito de beacon) se convirtió en un primero y un segundo cuando le pregunté a la camarera “c’est tout?” y me contestó “plus le desert”

que era, para variar respecto al día anterior, una tartaletta de arándanos que para cortar la masa se necesitaba pico y pala. Ah!, los 5 que pedimos cambiarla por la “salade de fruits” tampoco acertamos ya que excepto las uvas, el resto de frutas se disolvían sin masticar

Pero bueno, la sonrisa y el buen talante no nos lo quitaba nadie.

En fín, como no llovía, unos cuantos decidimos bajar la cena

y descender hasta el pueblo en animada conversación. Y digo descender porque es literal, la pendiente a la vuelta a alguno se le atragantó un poco por ir en alpargatas, como si estuviera en el puerto de Mallorca

Cuando llegamos al hotel había en la recepción un San Bernardo con el que Dani
@LEMA hizo buenas migas. A punto de subir a las habitaciones, la dueña que era la persona de la recepción, nos informó que el perro tenía nada más 2 años y que comía un kilo al día. Yo no pude más y le pregunté si comía patatas. Ella me miró extrañada y más cuando los compañeros arrancaron a reír. En fín, no supo entender la sutileza de mi ironía …
Noies i nois, hasta aquí llegan mis recuerdos,
